A propósito de la actual
mala praxis del abogado y la pérdida de la oportunidad entre las secciones
indemnizatorias, principalmente, en el Código De Ética Del Abogado o jurista,
se refleja como punto importante, la moralidad y ecuanimidad con la que el mismo
debe destacarse dentro del marco de la jurisprudencia y en defensa de la
sociedad civil, mientras la misma no incurra en faltas graves a la ley y sea
probatoria y posible su inocencia, el jurista tiene la obligación y
responsabilidad de atender a las necesidades jurídicas solicitadas por dicha
sociedad civil. Decía Cicerón que "la buena
fe es el fundamento de la justicia, y la conciencia y la religión del juez (fides
et religio judicis), donde deja en claro que
el ser juez, abogado o funcionario de la defensa publica, será tal como su
propia devoción o culto, inmerso dentro de su propia ética y vocación. En el
mismo orden de ideas aparece la lealtad, como un valor intrínseco en el funcionario,
o al menos así debería ser, es un valor espiritual, una cualidad de una persona
leal, un adjetivo calificativo positivamente, un sentimiento de respeto hacia
los demás, hacia la palabra empeñada a un compromiso establecido con alguien, y
a sus propios principios morales, es un recurso que hace al ser humano
confiable y que carece hoy en día. La crisis de confianza pública que traspasa
el sistema de administración de justicia nos lleva a pensar que hoy más que
nunca debe revitalizarse la idea moralizadora del proceso, la ética como “protagonista
contextual" del debate judicial. Si bien la existencia de frecuentes
comportamientos contrarios a la buena fe procesal no es el único factor de
aquél irreverencia, estar siempre atentos y poner manos a la obra para
prevenirlos y confinarlos será un paso más en el camino de restituir la fe de
la sociedad civil en la justicia verdadera.
A propósito de la actual
mala praxis del abogado y la pérdida de la oportunidad entre las secciones
indemnizatorias, principalmente, en el Código De Ética Del Abogado o jurista,
se refleja como punto importante, la moralidad y ecuanimidad con la que el mismo
debe destacarse dentro del marco de la jurisprudencia y en defensa de la
sociedad civil, mientras la misma no incurra en faltas graves a la ley y sea
probatoria y posible su inocencia, el jurista tiene la obligación y
responsabilidad de atender a las necesidades jurídicas solicitadas por dicha
sociedad civil. Decía Cicerón que "la buena
fe es el fundamento de la justicia, y la conciencia y la religión del juez (fides
et religio judicis), donde deja en claro que
el ser juez, abogado o funcionario de la defensa publica, será tal como su
propia devoción o culto, inmerso dentro de su propia ética y vocación. En el
mismo orden de ideas aparece la lealtad, como un valor intrínseco en el funcionario,
o al menos así debería ser, es un valor espiritual, una cualidad de una persona
leal, un adjetivo calificativo positivamente, un sentimiento de respeto hacia
los demás, hacia la palabra empeñada a un compromiso establecido con alguien, y
a sus propios principios morales, es un recurso que hace al ser humano
confiable y que carece hoy en día. La crisis de confianza pública que traspasa
el sistema de administración de justicia nos lleva a pensar que hoy más que
nunca debe revitalizarse la idea moralizadora del proceso, la ética como “protagonista
contextual" del debate judicial. Si bien la existencia de frecuentes
comportamientos contrarios a la buena fe procesal no es el único factor de
aquél irreverencia, estar siempre atentos y poner manos a la obra para
prevenirlos y confinarlos será un paso más en el camino de restituir la fe de
la sociedad civil en la justicia verdadera.
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